25 -¿Nunca habéis leído lo que hizo David en una ocasión en el que él y sus compañeros tuvieron necesidad y sintieron hambre?
26 Siendo Abiatar sumo sacerdote, David entró en la casa de Dios y comió los panes consagrados, que solamente a los sacerdotes les estaba permitido comer. Además les dio a los que iban con él.
27 Jesús añadió:
El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. 28 Así que el Hijo del hombre tiene autoridad también sobre el sábado.
Marcos 2:25-28
A nosotros nos pertenece considerar y legislar las normas que Dios nos da para nuestro beneficio. Como así es el día de reposo.
Ya que la desunión entre Dios y el hombre vino por la desobediencia. Nuestra relación con Él y entre nosotros (la caridad en acción) esta condicionada por ella para siempre. A partir de la expulsión del Edén y posterior muerte de Abel, la humanidad quedó divinamente dividida entre los justos (obedientes) y los injustos (rebeldes). Esto no significa que debamos resignarnos o que esta dualidad sea el estado ideal del ser humano, aunque quizás sea una inevitable condición humana. El hombre expuesto a sus propios deseos permite que la injusticia se adueño del corazón humano. A medida que crecía la injusticia, la justicia debió administrarse con más determinación, ya no solo servía “obedecer a Dios”, sino que había que obedecer la ley del hombre. La justicia del hombre se basa en leyes que finalmente hacen imposible para el hombre llevar una vida correcta o justa o dentro de la legalidad. Para que esto sucediera debió suceder una catarsis entre lo divino y lo humano. Las leyes de Dios pasaron ha ser imposibles de abordar por el común de los mortales. La premisa religiosa se basaba y se sigue basando en el imaginario popular por lo menos, en el principio de pecado original. Se nos dice que el hombre nace con tendencia a la injusticia y en pecado. Pero no se nos dice que este mismo hombre también nace con la tendencia hacia lo bueno, lo sublime, con las capacidades de amar y ser amado, de cumplir justicia y de impartir justicia. Según la tradición Dios reveló sus leyes a los hombres y delegó su autoridad en hombres que gobernaran en su nombre. Así que lo que estos hombres legislan es la última y final voluntad de Dios para el hombre. La moderna y democrática sociedad occidental actual funciona en cierta manera fundamentada bajo los mismos patrones de autoridad designada, solo que sustituimos a “ese” Dios por el Estado, y los sacerdotes por legisladores y administración en general. Al igual que a nivel espiritual los legisladores acabaron por imposibilitar ser justo al hombre a través de cumplir la Ley. En la actualidad con la ley en mano no hay nadie que este libre de sanción administrativa.
Una de estas leyes instauradas por Dios y posteriormente legisladas y puestas por leyes por los hombres era la del descanso semanal. El Sabat o día de reposo. Un día dedicado a conmemorar que Dios creo el mundo en seis Dios y el séptimo descansó. –Si Yo descanse hacedlo también vosotros.
Algo que llevado a la práctica era beneficioso para el hombre se convirtió en un motivo de pecado. Cuando los legisladores acabaron de interpretar teológicamente lo que Dios había dicho o querido decir nada se podía hacer en ese día. Ni tan siquiera caminar o ayudar o cocinar y mil cosas mas. Pero como siempre existían bulas. Con la aparición de las sinagogas el cónclave de Rabinos decidió que se podía caminar si era para ir a la sinagoga. Ahora bien si por el camino te encontrabas un accidentado no podías socorrerle sin quebrantar el día de reposo.
Cristo lo pudo decir mas alto pero no mas claro, Cristo devuelve las cosas a su estado natural: El día de reposo y todas las leyes son instituidas para beneficio del hombre y no al revés. Las leyes, los gobiernos, las administraciones, la policía. Todo esta constituido para provecho del hombre y no al revés. Para que el hombre sea libre debe ser el centro del sistema. Toda sociedad que no tenga esta premisa como su fundamento legal tiende a medio plazo a fomentar la imposición de las leyes por medio de la violencia que supone coartar la libertad del individuo. Una de las voluntades finales de Dios es que la Tierra forme parte del Reino de los Cielos y esto no podrá suceder hasta que comprendamos cosas tan sencillas como estas.
viernes, 27 de abril de 2007
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