miércoles, 10 de enero de 2007

CARIDAD

Los buenos hombres

Con este sobrenombre se recuerda en la historia a una comunidad de creyentes perseguida hasta su extinción por la llamada Santa Inquisición Católica Apostólica y Romana. Autoproclamados los defensores de la única y verdadera Fe, los Inquisidores acabaron con toda costumbre o tradición no doblegada a su voluntad. Poco nos ha quedado como legado de Los buenos hombres. Pese a todas las privaciones historiográficas de las que somos victimas (gracias al buen que hacer de la inquisición, destruyendo todo documento que nos revelase como eran) se los conoce con el sobrenombre de Los buenos hombres; siendo este todo el legado que tenemos de ellos. Refresquemos por un momento que significa bueno.

Que tiene bondad.

Útil para un propósito específico.

Que es correcto, valido, verdadero.

Agradable, divertido, alimentos que producen placer.

Sano, que no causa daño.

Que todavía se puede usar.

Competente

Eficiente.

Favorable.

¿Qué de malo debían tener los buenos hombres? para ser tan metódicamente perseguidos por los defensores de la Fe católica.

Este movimiento surgió de las mas profundas contradicciones de mediados del siglo X en Occitania y eran llamados Los Cataros o Albigenses. No se sabe a ciencia cierta que creían, ya que no existen escritos de ellos mismos, siendo los que tenemos los que la iglesia que los persiguió nos ha dejado como herencia. Por supuesto de dudosa credibilidad. Parece eso cierto a todas luces de verdad que criticaron abiertamente las prácticas y la visión de la jerarquía de la Iglesia Católica.

La polémica sobre su integridad cristiana su fe y moral empieza por ejemplo con su nombre; El nombre Cátaro viene probablemente del griego kazarós que significa: puros. ¿Cómo habían de ser sino los buenos hombres? El origen sugerido por la Iglesia Católica es bien diferente, ellos prefieren el término latino cattus como origen etimológico de Cátaro que significa: Gato. Al pobre animal lo asocian además con las brujas y herejes. Queda bien patente la equidistancia entre las dos corrientes. Como he mencionado ninguna información a destacar queda acerca de sus creencias y prácticas morales. Lo que si parece cierto era su marcado carácter anticlerical o sacerdotal en clara oposición a la iglesia católica, mostrando clara y abiertamente su oposición a la corrupción de los clérigos del momento. Eso equivalía en aquel despertar del siglo X a dictar una sentencia de muerte contra uno mismo y sus familiares como así ocurrió, después de tres siglos de guerras y persecuciones llegaron a su total desaparición a mediados del siglo XIII. Sabemos incluso de una la bula Ad Extirpanda, en 1252, decretando severos castigos contra todos los laicos sospechosos de simpatizar con los cátaros. Por ella, todo hombre encontrado hereje, ya que la principal misión de la inquisición era descubrir herejes, usando la tortura como medio legitimo para obtener la confesión del presunto hereje, se decretaba además la pena de muerte en la hoguera para aquellos que recayeran en sus ideas o prácticas heréticas. Los vienes de los herejes eran confiscados por la santa inquisición, concediendo la bula al Estado una parte de los bienes confiscados a los herejes hallados culpables. Así que los gobiernos ayudaban a la santa Iglesia y recibían su paga.

Lo que los convirtió en perseguidos de la Inquisición fue su Fe. Ellos decían procesar Fe cristiana, posiblemente algo distorsionado por el efecto péndulo provocado por la dudosa moral de los representantes sacerdotales de la llamada Única y verdadera iglesia universal de Cristo. En un lado del péndulo el Vaticano y sus sacerdotes. En el otro los cátaros que a su vez seguramente se vieron obligados por la ceguera que les producía la impotencia de no poder acabar con los excesos del sacerdocio y la curia Romana a forzar la doctrina para defender la fe, la esperanza y el amor mas allá de la sencilla doctrina cristiana.

Hombres que se autodenominaban de pureza espiritual y recordada por la historia popular como Los buenos hombres.

Como vivían estos buenos hombres es algo que queda para la ficción. Como ya he mencionado no tenemos datos ciertos al respecto, pero sabemos que eran creyentes cuya medida cristiana difería de la clase dirigente de Roma. Pese a eso eran considerados buenos hombres. Sin duda su fe les debía infundir fuerza y valor en su vida diaria a sabiendas del precio que exigiría. Aun así, lo quedó de ellos no fue su coraje contra la injusticia clerical del momento sino que eran buenos hombres.

Los que decimos tomar como vida propia el ejemplo de Cristo y sus enseñanzas, aceptando por Fe la gracia del perdón de pecados. “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Jn 3:17). Y sigue en el 20-21: “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son echas en Dios.” Esta es la gracia que nos libera de la Ley: “Porque la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, envió a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al espíritu.” (Ro 8:2-4).

La gracia de Dios se mostró al mundo en la caridad mostrada en la carne de Jesús.

La caridad/ágape/amor hacia sus congéneres se lo mereciesen o no.

Un solo Dios vivo y una palabra viva. Un Dios vivo cuyo cuerpo esta compuesto por la comunidad de creyentes. La iglesia que es el cuerpo de Jesús del cual Cristo es la cabeza. El cuerpo en si mismo no tiene voluntad sino que esta es inmaterial, la carne no tiene voluntad, al iglesia de Cristo tiene la voluntad de aquel que la sustenta es decir; la voluntad de Cristo. Así que la cabeza dirige al cuerpo, y el cuerpo vive conforme a la voluntad de la cabeza. Caminando una vida en Fe, esperanza y amor; pero el mayor de ellos es el amor. Una vida amando como cristo nos amo, porque haciéndolo mostramos la misma caridad que mostró cristo con nosotros, porque el bien que hagamos a uno es como si lo hiciéramos a la humanidad. Hacemos lo que Cristo hizo/hace porque ¿Qué otro fin tiene su cuerpo? Sabemos que debemos y podemos amar como Cristo nos amó, y que somos capaces porque esa es la voluntad que nos mueve. Ahora bien también es verdad que cada quien amará a los demás conforme al amor que ha sido capaz de aceptar de la gracia de Cristo. En la capacidad de transmitir ese amor, en común, como hermanos, en un solo cuerpo, compartiendo el pan. Ese amor que nos lleva ha deshacernos de nuestra vanidad, poniéndonos al servicio de los que necesitan tocar el amor de Dios.

Quisiera aquí hacer un inciso para testificar acerca de la palabra amor. En el contexto de “amor de Dios” este es traducido en nuestra Biblia como amor. En griego esa forma de amor es conocida como amor ágape y en latín como charitas. Entonces la caridad, a groso modo, es la puesta en acción por parte del hombre del amor de Dios.

El 25 de sep. de 2006 Benedicto XVI dijo que “La caridad es el amor de Dios que el Espíritu Santo infunde en el corazón humano y que lleva ha entregarse a su vez al mismo Dios.”

De donde la virtud del amor es la caridad, que se traduce en la práctica organizada de la presentación de auxilio a los más necesitados. Es una virtud cristiana opuesta a la envidia.

Forma parte de las llamadas tres virtudes teológicas: Fe, Esperanza, Amor. Se dice que de las tres el amor (caridad) es el mayor de ellos. El ministerio de “corazones.org” nos recuerda: Quien ha perdido la gracia sobrenatural de la caridad ha perdido el estado de gracia aunque puede que aun posea las virtudes de la fe y la esperanza.

Volviendo a Los buenos hombres, estos bien debían tener vecinos que no procesaban las mismas creencias que ellos, sino habrían sido perseguidos y ajusticiados igual que ellos. Y ahora yo, un creyente de la calle me pregunto ¿Qué considero un buen hombre?

Antes de decir que me viene a la cabeza diré antes que no me viene. No me viene a la mente un gran erudito, ni sacerdote, o líder. Me viene a la mente el buen samaritano. Para quien lo quiera leer por primera vez o releerlo: (Lucas 10:25-37, nueva versión internacional)

25En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta: --Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

26Jesús replicó: --¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?

27Como respuesta el hombre citó: --Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente

28--Bien contestado --le dijo Jesús--. Haz eso y vivirás.

29Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús: --¿Y quién es mi prójimo?

30Jesús respondió: --Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto.

31Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo.

32Así también llegó a aquel lugar un levita, y al verlo, se desvió y siguió de largo.

33Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él.

34Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó.

35Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. 'Cuídemelo --le dijo--, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva.'

36¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

37--El que se compadeció de él --contestó el experto en la ley. --Anda entonces y haz tú lo mismo --concluyó Jesús.

Caridad. Ese es el todo del corazón que bombea la sangre que mantiene con vida el cuerpo de Cristo. Como ya hemos dicho “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” Donde perfectamente podemos traducir “Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad (no ágape, pues nuestra lengua es latina y no griega), estos tres; pero el mayor de ellos es la caridad.”

La iglesia de Cristo es aquella que vive en caridad. No porque sea el ejemplo de los apóstoles o de la vida de Jesús, sino simplemente porque así es como la revelación de Dios dejada a los hombres nos dice que ha de ser. Y este es consecuencia directa del primer mandamiento. “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.” Fue lo que Jesús nos dejó como legado en mateo 22:37-38. En éxodo 20 encontramos lo siguiente respecto a como amar a Dios:

“2 «Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo.

3 »No tengas otros dioses además de mí.

4 »No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra.

5 No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso. Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación.

6 Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones.

7 »No pronuncies el nombre del Señor tu Dios a la ligera. Yo, el Señor, no tendré por inocente a quien se atreva a pronunciar mi nombre a la ligera.”

El resto de los mandamientos son resumidos por Jesús diciendo el segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Yo lo resumiría como caridad, el amor de Dios derramado en la vida de los hombres y para los hombres. La sabiduría popular dice así: haz el bien y no mires a quien. Definiendo así una de las cualidades de la caridad, su ceguera carnal. Haz el bien simplemente porque eso es lo que deseas hacer, no ya mi buena voluntad, sino la de aquel al cual pertenezco, aquel cuyo bien es para todo aquel que tropiece con nosotros.

La comunidad de creyentes debería ser liderada por hombres cuyo corazón este lleno de ese amor, administrando las capacidades de cada uno. Dando como resultado un beneficio, ya que el bien es beneficioso. Siendo su vida un testimonio vivo de la caridad de Dios, un ejemplo para los demás creyentes y para el mundo. Que la gente que desconozca diga: estos piensan cosas muy raras o que no entiendo pero si alguien es bueno en esta vida estos sin duda son ellos.

Entonces los llamados hoy día siervos de Dios (sacerdotes, pastores, lideres ministeriales, obispos…), no serian vistos como personas apartadas del mundo real. Donde las otras cualidades que obviamente reúne un líder como obediencia o rectitud redundarían en un mayor testimonio puestas al servicio de la caridad en vez de preocuparse de llevar un testimonio de santidad (que significa apartado para el servicio de Dios) y politacamente correcto que no afectan a la vida del común de la gente y que a la larga solo hace que engrosar el ego y la vanidad de uno mismo y por ende ya que lideres de una comunidad, también engrosa el ego y la vanidad de la comunidad a la cual pertenecen.

Donde los ancianos sean las atalayas, los que aconsejan, los vigilantes del horizonte, los que sueñan, los que guardan los ideales, y los jóvenes tengan la fuerza para conquistarlos, la visión de ponerlos por obra. Y no como suele suceder en la vida cotidiana donde los ideales son cosa de juventud y los ancianos ya se encargan de encaminarlos, destruyendo todo lo bueno de la generosa juventud.

Simplemente vivir una vida de obediencia a Dios y misericordia a los hombres antes que una vida de sacrificio.

Ya que el sacrificio es ofrecido a Dios a cambio del perdón de pecados, que son no obedecer a Dios y no tener misericordia a los hombres.

Tengamos entonces el oído atento a lo que de nosotros tienen que decir y que se resuma así:

Los buenos hombres están aquí.

3 comentarios:

waldirstation dijo...

Me paraece muy claro la forma de definir la caridad, muy secillo y claro como el agua.

tess dijo...

Recuerdo que cuando era pequeña e iba al cine con mi hermano siembre preguntaba quien era el bueno, para ponerme de su parte,después en el patio del colegio jugábamos a moros y cristianos y hay ya estaba bien claro quienes eran los buenos.
La vida me ha enseñado que no existen credos, ni religiones ni mucho menos sistemas políticos que hagan hombres buenos por eso fracasan, debemos dar mas importancia al ser individual ,que al colectivo al que pertenece, olvidándonos de prejuicios y racismos

Lauren dijo...

Entonces la caridad, a groso modo, es la puesta en acción por parte del hombre del amor de Dios. (Natxo)

Que seamos vias hacia el mundo (el vecino mio) del amor de Dios, o talvez puentes entre un mundo lleno de tanto mal, e el Dios de tanta perfection.